Las mujeres no necesitan llevar pañuelo ni abaya, según el príncipe heredero saudí

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A lo largo de este año, las nuevas reformas de Bin Salman permitirán el regreso de las salas de cines al país y que las mujeres conduzcan.

Arabia Saudí: una revolución sin vuelta atrás

Bienvenido, Míster Salman

En vísperas de su encuentro con Donald Trump, el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman ha vuelto a desafiar públicamente la realidad que aún impera en las calles de su país. El próximo rey ha asegurado que las mujeres no deberían llevar “hiyab” (pañuelo) o “abaya”, la túnica holgada y larga que las saudíes se enfundan encima de su ropa habitual, siempre y cuando su atuendo sea “decente y respetuoso”.

“Las leyes son muy claras y están estipuladas en la ‘sharia’ (legislación islámica): que las mujeres vistan ropa decente y respetuosa, al igual que los hombres. Esto, sin embargo, no se refiere concretamente a una abaya o un pañuelo. La decisión está por completo en manos de la mujer, que decide qué tipo de atuendo decente y respetuoso escoge”, ha indicado Bin Salman en una entrevista a la cadena estadounidense CBS difundida este domingo.

Sus declaraciones, no obstante, no marcan un cambio gubernamental. La “abaya”, que cuelga de la cabeza a los pies, es aún obligatoria en las calles del país, cuna del islam más intransigente y protagonista de una incierta revolución que a lo largo de este año permitirá el regreso de las salas de cines y la irrupción de las mujeres al volante.

La postura de Bin Salman, de 32 años, está precedida de una alocución similar divulgada el mes pasado por el jeque Abdalá al Mutlaq, un destacado miembro del Consejo Superior de Ulemas del reino. “Más del 90 por ciento de las musulmanas devotas de todo el planeta no usan abayas. No deberíamos forzar a la saudíes a que la lleven”, arguyó el clérigo en su programa de televisión semanal.

Las palabras del heredero se enfrentan al rechazo de los sectores más recalcitrantes, airados por las reformas anunciadas. Hasta ahora, los intentos de quebrar la obligación de enfundarse la abaya habían acabado en comisaría. En febrero de 2016 agentes del Comité para el Fomento de la Virtud y la Prevención del Vicio, la policía moral saudí, arrastraron y golpearon a una fémina que rehusaba emplear una abaya en los alrededores de un centro comercial de Riad.


Clima de reformas

Desde el pasado año, la población femenina saudí vive con excitación los cambios introducidos por Bin Salman. En diciembre se celebró el primer concierto de una mujer y a principios de este año, las saudíes pudieron asistir por vez primera a un estadio para presenciar un partido de fútbol. El próximo junio se levantará la prohibición de conducir.

A propósito de las resistencias internas, Bin Salman ha indicado que “muchas de sus ideas contradicen el modo de vida durante el tiempo del profeta”. “Tenemos extremistas que prohíben la mezcla entre sexos y son incapaces de diferenciar entre un hombre y una mujer solos y cuando se encuentran en un lugar de trabajo”, ha censurado durante la entrevista previa a su periplo por Estados Unidos, que inaugura este lunes.

El hijo del actual monarca saudí ha vuelto a culpar del conservadurismo a los acontecimientos vividos en 1979 con la revolución islámica en Irán y el asalto y la toma de la Gran Mezquita de La Meca por un grupo de islamistas liderado por Yuhaiman al Otaibi en protesta por la “occidentalización” de la sociedad saudí. En los años siguientes, la música desapareció de la televisión junto a la exhibición de las figuras femeninas; las tiendas de música echaron el cierre y los periódicos dejaron de publicar fotografías de mujeres.

“Fuimos víctimas, especialmente mi generación”, ha insistido Bin Salman. “Esta no es la Arabia Saudí real. Yo le pediría a sus telespectadores que usaran sus teléfonos para descubrirla. Pueden buscar en Google Arabia Saudí en la década de 1970 y 1960 y verán entonces las fotografías de la Arabia Saudí real”, ha añadido el heredero, que saltó a la primera línea sucesoria el pasado junio después de que su padre apartara a su primo y hasta entonces ministro del Interior Mohamed bin Nayef.

“Teníamos una vida muy normal, como el resto de países del Golfo. Las mujeres conducían. Había salas de cine y las mujeres trabajaban en todos sitios. Éramos simplemente gente normal que trataba de desarrollarse como en cualquier país del planeta hasta los sucesos de 1979”, ha evocado.

A pesar de las promesas de Bin Salman, Arabia Saudí mantiene en vigor el sistema de tutela masculino. Las súbditas saudíes no pueden solicitar un pasaporte, viajar al extranjero, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria, deambular por la calle o viajar sin el permiso de un ‘mahram’ (tutor), ya sea progenitor, cónyuge, hermano o incluso vástago.

El sistema ha centrado las protestas de las saudíes en los últimos años. En 2016 miles de mujeres firmaron una petición por Internet instando a las autoridades a abolir un modelo que consideran el principal pilar de la discriminación que padecen. El país ocupa el antepenúltimo puesto en el índice mundial de desigualdad de género de las Naciones Unidas.

 

Fuente: www.elmundo.es

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