Fraude con los productos Halal: Musulmanes en España que comen cerdo sin saberlo

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Para la comunidad musulmana en España no es tarea sencilla ir a hacer la compra al supermercado. Su religión prohíbe consumir carne de cerdo o el alcohol; por eso deben leer cada etiqueta dos veces y asegurarse de que lo que compran es ‘halal’ 100%, es decir, que no lleva carne de cerdo. Una tarea que está lastrada por casos de fraude o mal etiquetado y que obliga a muchos musulmanes a acudir a tiendas especializadas o desplazarse a mataderos fuera de las ciudades en los que comprar carne que sí puedan comer.


En España hay más de dos millones de musulmanes. Una religión que está presente en todos los aspectos de la vida del creyente. Los productos ‘halal’ son aquellos que la ley islámica considera legítimos y los ‘haram’, los que están prohibidos. ¿Y cómo sabe un musulmán si lo que compra es ‘halal’ o no? A través de los certificados de calidad de la Junta Islámica. Sin embargo, tras el ‘boom’ de este mercado se han detectado “fraudes en varias empresas que etiquetan sus productos como ‘halal’ cuando no lo son”, explica a El Confidencial Tomás Guerrero, director de la oficina de Madrid del Instituto Halal.

Un fraude en el etiquetado que va más allá de la alimentación, afecta al ámbito religioso del consumidor. Porque consumir ‘halal’ no es solo eliminar el cerdo de la dieta. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), los alimentos ‘halal’ deben ser sacrificados por un matarife musulmán, que recite la frase ‘Bismilah’ (en el nombre de Alá), antes de degollar a cada animal. Además, la sangre está prohibida por el Islam, por lo que a la hora de procesar los productos cárnicos es muy importante que sean desangrados completamente.
Un fraude al 4% de la población
La comunidad musulmana es cada vez más grande en España, según el último informe del Obervatorio Andalusí que la cifra en los dos millones, un 4% de la población española. Sin embargo, no hay una legislación específica para los productos ‘halal’ más allá de los de cualquier alimento.
“Hemos detectado dos tipos de fraude, los de productos que se pueden consumir, como vacuno, pero que no son ‘halal’ porque no han sido elaborados según el rito islámico”, explica Guerrero, “y los que más nos preocupan: los que incluyen productos ‘haram’ y que en ningún caso podrían ser consumidos”.
Se refiere, por ejemplo, a carnicerías que usan el sello ‘halal’ en alimentos que contienen cerdo o trazas de este animal, o que contienen sangre o derivados de animales prohibidos. Un fraude que desde el Instituto Halal consideran “muy grave”.

“Vamos a emprender acciones legales”, asegura Guerrero, pero no por engañar al consumidor como tal, sino por “utilizar de forma fraudulenta” su “sello de calidad que es una marca registrada”.
Y es que el Instituto Halal es una empresa de certificación privada y no existen entes públicos que puedan controlar que un alimento es apto para el consumo de este colectivo.
Un mercado en expansión
Otros países que son de mayoría musulmana, sí que tienen una protección especifica para la alimentación y otros productos acordes con el islam. Un mercado que supone casi el 25% de la población mundial y que afecta, por ejemplo, a la exportación de productos de empresas españolas.
La certificación ‘halal’ de la Junta Islámica es un requisito para exportar productos a esos países y, por eso, el número de empresas españolas que busca acreditar su idoneidad para el consumo musulmán va en aumento. “El problema es que hay empresas que prefieren hacer un uso fraudulento de este sello”, explica Guerrero, ya sea por desconocimiento o por fraude.
“Suelen ser empresas pequeñas y familiares”, asegura, ya que las grandes multinacionales sí están en muchos casos certificadas. El comercio ‘halal’ mueve alrededor de 500.000 millones de dólares a nivel mundial.
Solo hace falta caminar por alguno de los barrios con mayor población musulmana de Madrid, como Lavapiés o Carabanchel y contar el número de carnicerías ‘halal’ que han abierto en los últimos años, para entender la magnitud de este ‘boom’.

Miembros de la comunidad musulmana explican a El Confidencial que “cada cierto tiempo surge el rumor de que alguna de las nuevas carnicerías vende carne que no es ‘halal’ y eso crea tensión en el barrio”. “Para la fiesta del cordero vamos a un matadero a las afueras de la ciudad a comprar la carne”, dicen esas mismas fuentes.
Esos mataderos sí que están certificados en la mayoría de los casos y la Guía Halal, por ejemplo, dispone de un mapa online en el que se identifica a las empresas, no solo cárnicas, sino también lácteas, de dulces, ‘snacks’ o productos químicos, que siguen los preceptos del islam.
“Cada vez es más fácil acceder a alimentos que utilizamos tradicionalmente como el té, el cuscús o la sémola que utilizamos para hornear el pan”, comenta un joven español de origen marroquí a El Confidencial. Aún así, siguen tardando el doble en ir a hacer la compra.

Fuente: www.elconfidencial.com

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